domingo, 23 de noviembre de 2014

COMO UN LHARDY SIRVIENDO KEBAB


                 Recuerdo los tiempos previos al “Tamayazo”: por entonces, los profesores llevaban ya algunos años sufriendo progresivamente mayores dificultades para conseguir dominar las aulas, al tiempo que veían cómo su nivel de vida disminuía cada año puesto que los precios subían más que su sueldo cada 1 de enero.  Sin embargo, también es cierto que los programas de apoyo al alumnado, hijos de la LOGSE, funcionaban cada año un poquito mejor.  Faltaba mucha inversión para alcanzar una situación realmente óptima pero las bases estaban bien puestas.  Los profesores podían formarse y podían preparar sus clases convenientemente.  Digamos que dos comensales podían sentarse a la mesa y disfrutar de una buena cena y que, en caso extraordinario, en la mesa cabía otro.  O lo que es lo mismo, 2+1 siempre era igual a 3.
                Desde entonces, los recortes educativos fueron progresivos, al tiempo que el “aguirrismo” se convertía en la religión oficial de una mayoría de seguidores suyos en la Comunidad de Madrid, auténtico territorio abanderado de la política educativa del gobierno actual: defensa de la enseñanza concertada y migajas para la pública.  De modo que, año tras año, aquella mesa de dos donde habitualmente comían tres, se convirtió en donde cenan tres, cenan cuatro, y así sucesivamente.
                Muchos piensan que la crisis comenzó en 2008 o a finales del año anterior pero la realidad es bien distinta.  La crisis comenzó en el momento en que los servicios públicos comenzaron a crecer menos de lo que lo hacía el mercado y, al tiempo                 que muchos se forraban y a nadie parecía importarle, porque a todos aparentemente beneficiaba.  Hoy día no vivimos una crisis sino un cambio de modelo puesto que hay cosas que no darán marcha atrás.  Entre ellas, y en la materia que nos atañe, las siguientes:
·        Supresión de la mayor parte de las Aulas de Compensatoria y de las Aulas de Enlace.
·        Reducción de apoyos, desdobles y laboratorios en todos los niveles de enseñanza y de prácticas en Formación Profesional.
·        Cierre de Bibliotecas escolares, de Centros de Formación para el Profesorado y de Centros de Educación Especial.
·        Aumento significativo de las ratios de alumnos por clase, impidiendo un normal funcionamiento, una mayor individualización de la enseñanza y sumando entre 180 y 300 el total de alumnos a los que se enfrenta un profesor de Secundaria, en función de su materia.
·        Aumento de carga lectiva y de tareas burocráticas para el profesorado, impidiendo encontrar horas para la preparación de actividades complementarias (salidas culturales, intercambios, viajes de fin de curso, etc.) y de Planes de Convivencia, Acción Tutorial, Orientación Académica o Mejora e Innovación Educativa.  La tarea actual del docente consiste en
·        Aumento de profesores que imparten materias no propias de su especialidad, de profesores funcionarios con plaza sin destino al empezar cada curso, de profesores con centros compartidos o de interinos no contratados pese a ser necesaria su presencia (por ejemplo, no se cubre una baja hasta transcurridos quince días, aunque sea conocida de antemano).
·        Dificultad para encontrar coordinadores de funciones necesarias, como Nuevas Tecnologías o Actividades Extraescolares, por la escasa reducción horaria para desempeñar tal función.
·        Reducción, asimismo, de las horas establecidas para la función tutorial y para la Jefatura de Departamento.
·        Recorte del sueldo en dos ocasiones desde 2008 (la primera por parte del gobierno socialista de Zapatero), sueldo congelado desde entonces, pagas extra (que no lo son, realmente son las pagas 7 y 14 del total de nuestro salario anual) sin pagar, reducción de ayudas, descenso de médicos especialistas para nuestra atención en MUFACE.
·        Eliminación de parte o de la totalidad del sueldo en bajas, a partir de cierta duración, impidiendo incluso la conciliación familiar en cuestiones tan llamativas como la asistencia al pediatra o la visita al tutor de los hijos (ambos casos suponen la pérdida de la retribución diaria).
·        Imposibilidad de cerrar cupos y de organizar el inicio de curso de manera coherente.
                
              Hoy, once años después de que dos se sentaran a degustar el mejor cocido madrileño y pudieran dejar sitio a un tercero, resulta que las apreturas nos muestran la insostenible situación de que 2+1 es igual a 14, mientras desde las altas esferas siguen intentando convencernos de que son 3 y, al tiempo, intentan hacer ver a la sociedad de que un cocido para dos ya era mucho para lo que hacíamos.  El problema es que tensar la cuerda es romperla por sus zonas más débiles.  Hoy sigue habiendo profesores empeñados en servir el mejor cocido pero todos sabemos que la paciencia se acaba y que, hasta para los mejores paladares del gourmet de la tiza,  se acabará imponiendo la comida rápida.


jueves, 14 de agosto de 2014

LA TEORÍA DEL TETRIS

          No parece claro que el modelo de instrucción comúnmente establecido sea el que vaya a permitir obtener los logros que el alumnado debe adquirir.  El proceso de enseñanza basado en la clase magistral o en el desarrollo de unas unidades mediante explicaciones acumulativas supone un peso difícil de levantar por parte del estudiante.

                Las posibilidades de un buen rendimiento se reducen cada vez más porque el modelo de sociedad en que ellos viven tiende a separarse del modelo de enseñanza tradicional.  Hay que insistir en la importancia de la perseverancia, del trabajo diario y continuo, de la paciencia de los tiempos lentos.  Pero también debemos entender que en el mundo las cosas funcionan de otra manera y que hay que encontrar el punto de intersección entre ambos modelos.

                La sociedad capitalista, basada en un atroz consumismo, genera modelos de usar y tirar, no solo en cuanto a adquisiciones materiales, sino también en cuanto a percepciones, sensaciones, estados de ánimo.  Es evidente, entonces, que aquello que el alumno acumula de cara a un examen lo tira a la basura en pocos días.  Lo impone el modelo consumista, pero también la necesidad de dejar hueco en la cabeza para exámenes posteriores.

                Todo apunta a que el modelo de examen seguirá vigente como arma instrumental básica en la evaluación y calificación de los alumnos, incluso el modelo se sigue extendiendo por la presencia de algunas pruebas externas (y las que están por venir).  Así las cosas, pedir a un alumno de 2º de Bachillerato que aprenda es una entelequia puesto que su cabeza y, habitualmente también la del profesor, está puesta en la Selectividad.  Cuanto antes se adelanten este tipo de pruebas también se adelantarán las ansiedades y los vicios vinculados al modelo memorístico o simplemente resolutivo, aquellos que resultan eficaces para salir adelante.

                En realidad, lo único que hace el alumno es acumular datos, sin ordenarlos, sin clasificarlos, sin relacionarlos entre sí y, en muchos casos, sin comprenderlos.  La mayor parte de ellos prefiere estudiar solo el día o los días inmediatamente previos a la fecha del examen que hacerlo a largo plazo porque piensan que todo lo que hagan se les va a olvidar.  Comprenden, correctamente, que el modelo educativo actual (el de siempre) les exige devolver lo que han recibido, sin necesidad de elaborar nada por su parte.  Por desgracia, así es en muchas ocasiones, pero no siempre y tampoco en todas las materias por igual.

                El modelo de estudio debe primar el trabajo individual y diario o, cuando menos, semanal.  La recompensa a ese trabajo ya supondrá un acicate para realizarlo pero, al mismo tiempo estará poniendo las bases para la adquisición de los correctos aprendizajes.  El “modelo del tetris” significa que, cuando alguien adquiere conocimientos pero no lo hace de manera significativa, si no los interioriza y los hace propios, los va acumulando sin encontrar un significado.  Es como, cuando en el juego, las piezas se amontonan unas encima de otras sin permitir encontrar resquicios y sin otra salida que el apilamiento en filas hasta la derrota.  O lo que es lo mismo, acumulación de datos inservibles hasta que la cabeza explota o hasta que, tras muchas horas de estudio, no se encuentra una clara visibilidad y el resultado final es el fracaso escolar.

Uno de los retos actuales del profesor es saber poner al alumno ante los datos que está recibiendo para digerirlos correctamente.  Que no se atragante con ellos y que no acumule filas por no saber colocar cada pieza en su lugar.  Es importante la interrelación de los contenidos, es necesaria la relación interdepartamental para que el alumno sepa que las materias están también relacionadas entre sí.  Cada contenido ha de ocupar un lugar en la cabeza del estudiante, aquel que esté próximo a otros que ya conozca y que, a su vez, se habrá situado ahí por afinidad con otros conocimientos anteriores.  Todo esto solo se consigue con el trabajo constante mediante la utilización de las herramientas adecuadas en cada momento del proceso de estudio.

No es tarea sencilla, pero es factible la posibilidad de crecer desde las primeras etapas como estudiante, utilizando unos saberes prácticos y constructivos.  En todo caso, ahí radica la razón de ser y la magia del magisterio, en mostrar a cada muchacho el camino adecuado para crecer, a su manera, pero rectamente.


sábado, 19 de julio de 2014

MERECIDAS VACACIONES

         Al comienzo del verano todos los profesores nos vemos obligados a actuar a la defensiva, es ese punto en que parecemos unos apestados del sistema debido a que dejamos de producir durante dos meses completos.  Hay incluso quien piensa que es mucho más tiempo y que, en todo caso, no producimos nada tampoco durante el resto del año.

Hay muchas respuestas clásicas ante los ataques del exterior: el trabajo es muy duro, los chicos desgastan mucho, no tenemos alumnos en clase porque se han ido de vacaciones, cada vez nos exige más la administración, oposita tú y ocupa este lugar…  Hace tiempo que deje de intentar defenderme y simplemente afirmo, “sí, es verdad, qué afortunados somos”.  Todo ello, a pesar de que son muchos los docentes que trabajan en casa una gran cantidad de horas durante el año, que lo siguen haciendo en verano, repasando y preparando materiales o, de forma indirecta, mejorando su formación.  Muchos se implican en proyectos que suponen cantidad de horas de trabajo completamente altruistas. También los hay que forman parte de tribunales de oposiciones o de equipos directivos y, por tanto, el mes de julio es de trabajo.

Confío en la predisposición de gran cantidad de colegas y en su profesionalidad, que debe añadirse a la responsabilidad que exige nuestra tarea, así como a la alta cualificación, no correspondida suficientemente en cada cuenta corriente.  Los profesores dejaron de trabajar durante el mes de julio hace ya bastantes años porque a la administración le salía más rentable rebajar su sueldo a cambio de dar vacaciones completas durante ese mes.  En realidad, suponían, poco van a aportar y mucha carga suponen al erario público.  Lo peor, es que muchos docentes aplaudieron la iniciativa y prefirieron perder capacidad adquisitiva.

Pero, si hay algo que me molesta es la autocomplacencia.  Es fácil encontrar muestras de disfrute de las vacaciones de cada cual mientras otros profesionales están sudando la gota gorda del riguroso verano, cuando no están en su casa, igual que ellos, pero por falta de trabajo.  El colmo de esta indecencia la vi en la imagen de perfil de un watsapp recientemente: se veía un reloj de muñeca con el siguiente lema en su interior: “es la hora de tocarme los cojones durante los próximos dos meses”.

No debemos rebajarnos a la altura de tener que defendernos por disfrutar de unas vacaciones que merecemos ni tampoco de atacar a los demás, pero, por supuesto, debemos ser respetuosos con los demás y no mofarnos de las buenas vacaciones de que disfrutamos.  Es así como la opinión acerca de nuestra profesión se degrada dentro de la sociedad.


domingo, 6 de abril de 2014

PRENSA Y ALGUNAS IDEAS

Leer prensa me resulta placentero, especialmente cuando existe la posibilidad, no de leer las noticias que por obvias resultan aburridas ni de información ya vaciada de contenido por su reiteración en otros medios el día anterior, sino de alcanzar aquello que los sociólogos ingleses denominan el carácter del “news and views paper” frente al “newspaper” tradicional.  La prensa tiene, o debe tener, un carácter didáctico, ofreciendo múltiples opciones de trabajo a partir de ella.  Así, por ejemplo, el suplemento El País de los Estudiantes, que llega a los centros escolares cada lunes desde enero hasta abril y que, en materias como las Ciencias Sociales, se convierte en un manual de texto de primer orden, por encima incluso del libro de texto.

Acabar de leer un periódico y haber obtenido un aprendizaje supone un elemento más dentro de esa formación continua tan necesaria y que solo algunos diarios saben conseguir (la mayoría de los que no lo logran carecen de dos criterios: capacidad e intencionalidad).  El ámbito educativo suele ser profundamente tratado y muchas voces aparecen en las páginas del diario El País.  Veamos algunas muestras:

·        José Saturnino Martínez García (sociólogo): “El porcentaje de alumnado excelente es más bajo en España, en parte debido a que los hijos de personas de alto origen social no lo están haciendo tan bien como sus homólogos de otros países desarrollados, mientras que los de bajo origen social lo hacen igual (y en [algunas]pruebas de PISA claramente mejor).
Podemos afirmar, pues, que tenemos más equidad, no debido a que todos lo hagan igualmente mal, como muchas veces se afirma sin rigor, sino a que los hijos de los grupos socioeconómicamente favorables son los que lo hacen peor que sus homólogos de otros países”.  2-IV-2014, p. 35.

·        Rocío García, en referencia a la película documental Las maestras de la República, de Pilar Pérez Solana, premiada en los últimos Goya: “El pedagogo de la Institución Libre de Enseñanza Manuel Cossío recomendaba a la maestra María Sánchez Argós trabajar con alma, con entusiasmo”. […]  “Si yo quisiera decir lo que era entonces para mí la política, no sabría.  Yo creía en la cultura, en la educación, en la justicia.  Amaba mi profesión y me entregaba a ella con afán” (reflexión de la maestra Gabriela López Pardo en el libro de Josefina Aldecoa: Historia de una maestra).  15-III-2014. Babelia, p. 16.

·        Gustavo Puerta Leisse, en relación con la publicación del libro de F. Escribano, F. Ferrándiz y Q. Solé, Antoni Benaiges, el maestro que prometió el mar: “Las condiciones eran precarias y las premisas de su pedagogía chocaban con las certezas imperantes.  Pues no solo argüían la urgencia de una escuela laica, mixta e igualitaria sino que además cuestionaban el carácter homogeneizador y autoritario del libro de texto; la vacuidad de un currículo que antepone la pretensión de transmitir conocimientos preestablecidos a las necesidades individuales de aprendizaje; y denunciaban la humillación diaria del niño por parte de adultos que, con el pretexto de que saben lo que es mejor para él, imponen su poder y coartan su libertad y afectividad”.  Ibídem.

·        Eva Hache (actriz, cómica y presentadora): “Educar viene del latín educare, que significa sacar, extraer.  Ojalá en las escuelas se dedicaran a extraer de nosotros todo lo que llevamos dentro, en lugar de meter a la fuerza y con prisa lo que marca un ministerio de turno […] Alumno viene del latín alere, alimentar.
Queremos hijos obedientes, que no llamen la atención.  Pero también queremos adultos que no sean sumisos, que destaquen por algo, que sean creativos, asertivos, rebeldes si hace falta.  Queremos hijos que no molesten pero que sepan luchar por sus derechos mejor que nosotros.
´El sistema educativo actual es un entrenamiento para aprobar exámenes´. No lo digo yo, lo dicen expertos como Richard Gerver.  Expertos que todo el mundo admira pero a los que nadie hace ni puñetero caso porque serán unos utópicos recalcitrantes que viven con los pies a un metro y medio del suelo”.  29-III-2014. SModa, p. 66.

·        Ángel Santamaría (profesor de Lengua y Literatura), en relación con el informe PISA: “La educación no se mide con una nota, no es el resultado de un examen por muchas variables que se incluyan.  Este éxito escolar que se ha definido no se corresponde con el desarrollo integral de la persona y la realidad confirma que tampoco da de comer al titulado.  La definición de éxito debe incluir la creatividad, el comportamiento ético, la honradez, la solidaridad…”.
Y en relación con la famosa comparativa con el modelo finlandés: “Finlandia erradicó el analfabetismo a finales del siglo XVIII y en los años setenta España tenía aún dos millones y medio de analfabetos.  En los setenta nuestro gasto público en educación era del 1´8% del PIB, y en Finlandia ya era del 5´5%”. 26-III-2014, p. 60.

·        Manuel Vicent (escritor y periodista): “La travesía va a ser larga, azarosa, llena de escollos […], todas las medidas […] contra el derecho de los estudiantes a realizar sus sueños […] privilegios de clase, fanatismo religioso serán equivalentes a las acciones brutales de aquellos corsarios […] Algunos soñarán con cambiar el mundo, otros se conformarán con llevar una vida a ras de la existencia […] El tesoro es todo lo que habéis aprendido, los libros que habéis leído, la cultura que hayáis adquirido.  Ese tesoro que lleváis con vosotros no será detectado por ningún escáner, cruzará libremente todas las aduanas y fronteras, y tampoco ningún pirata os lo podrá nunca arrebatar”. 10-XII-2014, p. 60.

·        Antonio Villar (catedrático de Análisis Económico), tras un exhaustivo análisis: “PISA 2012 muestra, una vez más, la irrelevancia de la educación en colegio público o privado con respecto al rendimiento educativo, así como la diferente participación en la educación privada de los hijos de familias con diferente estatus socioeconómico y cultural.  De ahí se deduce que la financiación pública de la educación privada favorece principalmente a los grupos sociales con mayores recursos, sin que los resultados académicos justifiquen la regresividad de este tipo de medida.
En resumen, los datos sugieren que el sistema educativo español no termina de conseguir igualar las oportunidades de nuestros jóvenes, genera una cierta polarización entre repetidores y no repetidores que refleja la desventaja social de las familias más desfavorecidas y patrocina a los grupos sociales con más medios la financiación de la educación privada”. 5-XII-2013, p. 31.


jueves, 6 de marzo de 2014

DISPARATE DIGITAL

                Aprovechando la celebración de la feria de la educación AULA, el Diario El País publicó un suplemento especial.  En el interior aparece una entrevista al británico Nik Peachey, formador de profesores que se encontraba en Madrid para participar en un seminario sobre nuevas tecnologías aplicadas a la educación.  La entrevista no tiene desperdicio porque se trata de un disparate detrás de otro.  Lo que resulta de todo punto incomprensible es que sus afirmaciones tengan cabida en un seminario o que esta persona pueda considerarse un formador de profesores.

                Lo primero que llama la atención es que el texto afirma que el señor Peachey comenzó a mostrar su entusiasmo por las nuevas tecnologías en la época en que era un mal estudiante y cuya formación se produjo mediante un ciclo online, sin duda mala situación de partida para alguien que pretende formar a profesionales con titulación superior.

                Comenta el entrevistado que “cuando los estudiantes entran en una clase con sus teléfonos inteligentes y sus iPads, el profesor no es capaz de captar su atención cuando habla.  Se les pide que los apaguen […]”.  No sé si este hombre ha entrado alguna vez en alguna clase o, si en caso de haberlo hacho, tal experiencia fue con más de cinco alumnos y menores de dieciséis años.  La utilización de los medios digitales es provechosa, incluso la de sus propios medios pero la presencia de teléfonos móviles es un enorme riesgo.  Recientemente hemos sufrido desagradables experiencias relacionadas con el mal uso de estos aparatos que son capaces de realizar multitud de tareas y que un profesor con treinta alumnos en clase es incapaz de controlar.

                Ante la insistencia del entrevistador para que muestre la importancia de la introducción de la tecnología en el aula, su respuesta es: “Sí, creo que debemos dejar de usar papel y empezar a manejar formatos digitales […]”.  Cierto es que la ausencia de medios digitales o audiovisuales en cualquier aula hoy día es algo ciertamente bochornoso, pero de ahí a eliminar el papel hay un trecho bastante grande.  Tal vez podríamos hacer una pira con todos los libros de que dispongamos y así mostrarles de forma muy práctica en nuestras clases de Historia en qué consistían algunos de los mecanismos de la Inquisición o del régimen Nazi; también sería muy útil para introducirles en las desgracias de Alonso Quijano en las clases de Literatura.

                Continuando en esta línea, cita a Platón y a Sócrates, que se mostraban contrarios a la utilización del libro puesto que acabaría con la capacidad de interacción.  Cierto.  Lo que ocurre es que hay varias maneras de alcanzar esa capacidad y la digital es solo una de ellas.  El conocimiento y la sabiduría del profesor, junto a su habilidad para dirigir una clase participativa es una estrategia mucho más útil y, por supuesto, también deja al libro como instrumento complementario.  Pero no lo desecha.

                Pero el verdadero grado de disparate se acentúa cuando habla de sus propias experiencias con los medios tecnológicos.  No tiene reparos y parece muy orgulloso cuando afirma lo siguiente: “Yo estoy muy apegado a mi móvil, no salgo de casa sin él, suelo viajar mucho y me quedo en hoteles.  Si me despierto en mitad de la noche preguntándome dónde estoy, ahora también me pregunto dónde está mi iPad, porque siempre lo llevo cerca de mí.  Para mi hija de 15 años es igual, lleva su teléfono a todas partes”.  Y después: “A veces me comunico más con mi hija a través de Facebook que si estoy con ella en la misma habitación. […] Dicho esto, sigo hablando con mi hija a veces”.  Recientemente, vi un sketch de humor en el que un profesor le comentaba al padre de un alumno que las cosas no marchaban por buen camino puesto que el chico se estaba “analogizando”, ante lo que el padre puso el grito en el cielo y fue a hablar con el chaval para solucionar el problema.  El señor Peachey debió creer que aquello era un documental divulgativo.

                Y más aún: “He visto fotografías de una familia en una habitación, cada uno con un iPad o un teléfono inteligente, y todos sentados mirando sus pantallas, y ninguno se habla, pero lo que está pasando en esa habitación es mucho más complejo.  Si cinco personas están en una habitación viendo un programa de televisión, pasivas, no están interactuando entre ellos.  Pero si ese grupo de gente está mirando sus tabletas, pueden estar viendo cosas diferentes y contándoselas entre ellos a través de Faccebook, o a sus amigos de otros países, hay mucha comunicación en esa habitación porque dentro de ella está el mundo entero, no solo cuatro personas viendo la televisión, y eso es bueno”.  Creo que somos muchos los que venimos luchando por conseguir que las nuevas generaciones aprendan los beneficios de la conversación, de la no interrupción, de la presencia humana, de las muestras de afecto.  Es posible que al señor Peachey su tableta la haga caricias y le bese en la mejilla.

                También comenta otras cosas con las que no estoy en absoluto de acuerdo, como que “los estudiantes saben más de tecnología que los profesores”.  Especialmente, saben más de tecnología que los profesores de Tecnología o de Informática.  O que “los padres pueden leer libros con sus hijos en el iPad […] desde una edad muy temprana”.  Aún cuando puede ser una nueva herramienta de utilidad, al niño hay que introducirle en el placer de manosear un libro, pasar sus páginas, apreciar su olor, ir a la biblioteca, descubrir ejemplares de segunda mano, etc.

                Por desgracia, habrá muchos que creerán que son tan progresistas que abrazarán las ideas de este pobre señor.  Pobre, pobrecillo.
  


lunes, 11 de noviembre de 2013

El profesor como referencia: 3. mostrar cercanía

Si lo intentamos nos daremos cuenta: sí, somos referencia para los alumnos:

  El profesor de enseñanza secundaria no debe ser un mero transmisor de conocimientos.  En los tiempos que corren (y también en otros anteriores, aunque quizás las particularidades del mundo actual lo muestran con mayor urgencia) el profesor necesita hacerse un hueco en un lugar más amplio.  Los estudiantes están bastante necesitados de referencias porque las que creen haber encontrado no son verdaderamente útiles en su vida.  Les resulta difícil encontrar caminos y piensan que todo lo que ven a su alrededor y que su percepción al respecto son las únicas realidades existentes.  Sin embargo, parte de la magia de nuestra profesión consiste en mostrar esas vías que no conocen, no tanto porque no las hayan transitado como porque desconocen su existencia.  Nosotros tenemos más conocimientos pero también más experiencias y una amplitud de perspectivas que podemos ofrecer.  Sin duda, ellos lo agradecerán.

Mostrar cercanía hacia el alumno


                Conviene aclarar algunas diferencias básicas antes de llegar a una confusión: cercanía no es amistad ni colegueo, tampoco es paternidad ni ningún otro tipo de relación directamente vinculada con el alumno.  El profesor lo es circunstancialmente porque el grupo y el profesor se encuentran en contacto en un mismo momento y lugar a partir de múltiples circunstancias, las mismas que los separarán en un futuro breve.
                Pero la profesión exige que la relación con el alumno sea vinculante, y no por circunstancia, sino por profesionalidad y por humanidad.  Entiendo perfectamente a los profesores que deciden marcar distancia.  Es una manera de tratar de ganarse el respeto, de aclarar fácilmente el rol de cada uno y de evitar ciertos disgustos que de otra manera podrían aparecer con más propensión.  Sin embargo, no comparto esta forma de trabajar, especialmente porque ninguno de esos motivos esgrimidos tiene por qué quedar excluido mediante una actitud más cercana.  Cierto es que hay que esforzarse mucho más en conseguirlo: un profesor cercano puede ser perfectamente interpretado como un igual por los alumnos, o como “un profe que mola”.  Y no se trata de eso.  Incluso hay compañeros que sienten celos y creen que la actitud del profesor cercano se debe a que actúa esperando que le quieran y, por tanto, no los suspende ni los castiga ni los increpa.  Absolutamente falso también.
                No hay que temer el contacto con el alumno, ni siquiera el contacto físico.  Generalmente, las malas conductas vienen asociadas a la falta de cariño o a la falta de referentes claros.  En cambio, la persona que muestra afecto y que se hace merecedor de un respeto gracias a su capacidad de liderazgo consigue que sus pupilos le vean como un ser humano y, por tanto, como alguien que puede entender su situación personal.
                Los vínculos emotivos con el alumno tienen un cierto componente de retroalimentación porque ellos desean comprensión y afecto por encima de cualquier otra cosa.  Es evidente que les gusta aprender cosas (aunque algunos piensen lo contrario), también lo que es que quieren aprobar; pero, por encima de todo, desean encontrar rastros de humanidad.  Un alumno puede suspender y puede tener dificultades para alcanzar conocimientos pero jamás olvidará las actitudes de quien tendió su mano, que a su vez las transmitirá a generaciones venideras.  El profesional que actúa de esta manera obtiene recompensas prácticamente a diario porque si algo es característico de los adolescentes y de los niños es su capacidad para aflorar sentimientos.  A veces es difícil descubrir lo que hay dentro de cada uno pero la mayor parte de las veces se abren sin dificultad ante quien muestra que no está ahí solo para enseñarle su materia.  Así, afloran los rasgos afectuosos y las buenas palabras hacia nosotros, las sonrisas en sus caras y la inquietud por aprender y por ofrecer lo mejor de cada uno.